Audiovisuales, Opinión

Cómo evitar quedar como un subnormal en una presentación ante un estudiante


Bienvenido. Si has llegado aquí es que estabas buscando ayuda profesional. O quizá no, pero es lo que vas a obtener. ¡Cómo no quedar como un subnormal en una presentación (PowerPoint) ante un estudiante es una guía escrita por un estudiante sobre las cosas que puedes, pero sobre todo las que NO PUEDES hacer en tu presentación!

Seamos sinceros. Si tienes que dar una presentación o charla a un estudiante es porque eres un profesor. O un profesional del sector. Te lo has currado mucho para que pongan en tus manos el mando del ordenador cascado conectado al cañón de luz del aula magna. O de la clase de biología. ¡No la cagues ahora! Ha llegado el momento de abrir PowerPoint. O Keynote. O [insertar aquí software de edición de diapositivas]. Te daré unos consejos para que la respuesta de tu público sea positiva. No te garantizo el éxito, desde luego. Tendrás que poner inventiva de tu parte. Es más, si eres un coñazo de persona ¡no subas al atril! Hazte ese favor. Haznos ese favor. Todos te lo agradeceremos. Delega la tarea en alguien con un poco de chispa. Con carisma. No obstante, si has decidido que eres el adecuado para esto, presta atención.

Las diapositivas son solo un apoyo.

Sí, en serio. De verdad. Las diapositivas tienen que ser un apoyo de tu discurso. Increíble, ¿no es cierto? El peso de la presentación lo tienes que cargar sobre tus hombros. Tienes que prepararte un guión de lo que vas a decir. Tienes que acordarte de cada uno de los temas que quieres abordar. Pero las diapositivas no pueden ser el principal objeto de atención por parte de tu público. Esto se traduce en lo siguiente.

Estructuración.

Tienes que estructurar tu presentación de una manera muy clara, y dejarlo claro desde el principio. Si a pesar de haber seguido por completo esta guía acabas haciendo un coñazo de intervención, la gente ha de saber cuándo se va a acabar eso. Para que no se desesperen más que nada. Y si resulta que tienes atrapado a tu público por completo, ¡cuando sepan que el final está cerca les apenará! Dos ejemplos muy claros sobre esto son el discurso de Steve Jobs en la graduación de Standford y la charla de Pau García-Milà.

Guión.

¿Sabes lo que vas a decir? ¿En serio? ¿De memorieta? No te confíes, los nervios pueden traicionarte, y una chuleta si la disimulas bien no le va a molestar a nadie. Una hoja con frases cortas asociadas a las diapositivas. Algo solo para tus ojos. Simplemente un recordatorio que te ayude a recuperar el hilo cuando lo pierdas y a no saltarte nada de lo que querías decir. No hay nada peor que olvidarte de algo importante y tener que volver hacia atrás para decirlo. Para meterlo con vaselina.

Ensayo.

Oh, estupendo. Tienes un guión. Es tu escudo. Ya con eso estás salvado. Pues no. Lo siento. Tienes que ensayar todo el discurso completo. Tres veces. Cuatro. Las que sean necesarias. Tienes que saber llevar el ritmo. Alargar las partes que lo merezcan. Reducir la paja. Adaptar el tono a cada situación. Y eso es algo que solo se consigue mediante el ensayo. Y si es delante de una persona de confianza, mejor que mejor.

Lenguaje.

Cosa importante el lenguaje. Y no solo el articulado, el corporal es también esencial. Si tienes la oportunidad, muévete de un lado a otro del escenario. No nervioso. Pasos lentos. Demuestra que dominas el espacio, que lo conoces y que te encuentras a gusto ahí arriba. Mueve los brazos, que se vea que eres humano y no un robot de protocolo al más puro estilo C3PO. Y si tu público es joven, ¡mete algún taco! Nada mejor en un momento si tienes que decir una obviedad (por ejemplo) que un buen ¡JODER, pues claro! soltado con ganas. Y si te quedas en blanco, quédate callado o espacia las palabras. Nada queda peor (NADA QUEDA PEOR) que decir un “eehmm…” o un “uhmmm…”. Que estamos mayorcitos para eso.

Experiencias personales.

Si estás dando (por poner un ejemplo) una charla sobre emprendedores, no te limites a soltar estadísticas de edades, éxito, sectores etc. Cuenta cómo te hiciste emprendedor. Si das una charla sobre energías renovables, cuenta cómo tu cuñado montó en su casa un molino de viento para calentar la leche del desayuno. ¡Lo que sea! Igual te estás preguntando ¿y si soy tan paquete que no tengo ninguna anécdota que contar? Pregunta a quien sea e infórmate de los detalles más nimios. Y si no lo consigues, mala suerte, lo siento por tu presentación.

Habiendo ya abordado la parte humana vayamos ahora a las diapositivas. Sí, son un apoyo, y por eso han de cumplir ciertas cosas para no dinamitar desde dentro tu presentación.

Textos cortos.

¿En serio necesita explicación? El ser humano siente la necesidad de leer lo que se le ponga por delante. Si no, mírame a los ojos y dime que nunca has leído las etiquetas de los botes de champú cuando se te olvidó llevar el teléfono al baño. Pues eso.

Fondos sencillos y monocromos.

Uy qué bonito va a quedar este arcoiris como fondo de mi presentación. Uy qué maravilla de rosa chillón en esta diapositiva para que se vea que es importante. No, en serio. No lo hagas. Atentas contra todo posible buen gusto y sentido común.

Nada de imágenes de la primera página de resultados de Google.

Mmm… quiero representar la pasión por la lectura. Ya sé, buscaré en Google “pasión por la lectura” y pondré en mi presentación a la chica abrazada al hombre de papel que sale de un libro. Con eso triunfo seguro. Pues siento decirte que si piensas eso vas de culo. Y si encima metes una imagen de esas, al menos elimina el fondo, que con GIMP tardas unos dos minutos. Da pena ver imágenes cutres con un gran fondo cuadrado blanco detrás, desentonando por completo con el fondo (de otro color) de la presentación. Es como si alguien se sacase la chorra y te la frotase por la cara en mitad del entierro de tu abuela. De mal gusto e imposible de ignorar. Y todo esto incluye a las imágenes de stock.

Nada de sonidos.

Ni óperas ni música clásica. Se te tiene que escuchar a ti. Por poner un ejemplo, en una charla a la que asistí hace poco el ritmo se estaba convirtiendo en algo completamente aplastante. Todos estábamos medio dormidos viendo como pasaban las diapositivas. Y de pronto, la pantalla se llenó con la cara de Bob Esponja y la sala retumbó con una risa estridente. Efectivamente, los altavoces estaban mal regulados. Y la idea de meter esa puta diapositiva debería estar penada con multa y cárcel. Como mínimo.

Deja al final información de contacto.

Si ha gustado tu charla, a lo mejor alguien quiere conocerte o saber más sobre quién eres. No te digo que dejes teléfono y email. Pero hoy en día qué menos que poner en una esquina, bien visible y para terminar, tu Twitter o tu Facebook. No seas divo y acércate un poco más al público.

Por desgracia (o por fortuna) esta guía no es absoluta y no debe ser seguida al pie de la letra. Pero para mí, como estudiante, reúne los requisitos mínimos para no hacer una charla más, si no para hacer LA charla. Namaste y buena suerte.

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