
Es una película que sabe a hamburguesa, tiene regusto a café y huele a tabaco.
S_Luis
Veinte años nos separan desde que Reservoir Dogs se proyectara por primera vez en la pantalla grande. Son, del mismo modo, veinte años los que nos separan del debut de Quentin Tarantino como guionista, director y actor. Y veinte años desde que firmase por primera vez un film con sus sellos de identidad. Diálogos largos e intensos, hombres en traje ante situaciones límite y violencia. Y aquí me hallo yo, veinte años después, dispuesto a contaros y recomendaros encarecidamente una película sobre la que pocas cosas puedo aportar ya más que mi humilde opinión personal.
Reservoir Dogs empieza en una de estas cafeterías americanas tan típicas. Ocho hombres están sentados a la mesa hablando de temas dispares pero relacionados entre sí, como la explicación que dan al título de la película Like a Virgin. Llega el momento de pagar y el más anciano, el que parece el jefe, les dice que él se hace cargo de la cuenta pero que los demás tienen que pagar la propina. Uno de ellos, un señor de pelo largo y ojos saltones al que se refieren como El señor Rosa se niega a pagar propina. No es su costumbre. Y se inicia una nueva y larga discusión sobre por qué el señor Rosa no acostumbra a dar propina y por qué no piensa dar el puñetero dólar al que tocan por cabeza. Finalmente, tras un rifi-rafe, suelta el dinero, salen de la cafetería y la película coge velocidad. Y presenciamos gracias en parte a Anonymous una de las escenas que más reconocibles se han vuelto en Internet. La que abre este post.
Siguiente escena; el señor Naranja está gravemente herido y soltando sangre a borbotones en el asiento trasero de un coche de tapicería blanca. ¿Habéis visto Pulp Fiction? Entonces igual os recuerda a algo. El señor Blanco conduce intentando tranquilizar al malherido de camino a un viejo almacén, el punto de encuentro donde habían quedado los profesionales para la entrega del botín. El trabajo de estos hombres, desconocidos entre sí, era el de robar un maletín lleno de diamantes. Dos minutos que iban a ser rápidos y limpios, pero que, gracias al señor Rubio y a la inesperada aparición de la policía, y tal y como iremos descubriendo a lo largo de diálogos y flashes, se convirtió en toda una carnicería. Llega el señor Rosa al puno de encuentro y la verdad es más que evidente. Alguien los había delatado. Hay un policía infiltrado. La cuestión es, ¿quién?
Con este breve resumen del principio de Reservoir Dogs espero haberos puesto los dientes largos. La música, los planos, el trato que se dan entre sí los desconocidos… pero por encima de todo, los diálogos. Una película que volvería a ver sin dudarlo. A mí me transmite una sensación que es difícil de describir. Es una película que sabe a hamburguesa, tiene regusto a café y huele a tabaco. No soy sinestésico ni nada que se le parezca, pero de alguna manera que soy incapaz de explicar, esas sensaciones se me venían constantemente al paladar en cada cambio de escena. ¿Habéis visto esa secuencia de Pulp Fiction en la que Jules coge la hamburguesa de Big Kahuna y la saborea con fruición, alabando lo deliciosa que está? ¿No podíais vosotros saborear junto con Jules esa hamburguesa hawaiana?
Yo sí. Y la hija de puta está deliciosa.
















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