Navegando por Tuenti, esa red social llena de aventuras, el otro día me topé con una imagen bastante impactante. No era gore, ni un cani estudiando (que también los he visto), no. Era una mujer embaraza. Bueno, más bien una chiquilla embarazada. Adolescente. De mi edad. Posiblemente de tu edad también. Investigando un poco más vi que el padre incluso era más joven que yo. No habían hecho bachillerato y, sinceramente, dudo que terminasen la E.S.O. Pero ahí estaban, abrazados, él sujetando el vientre de su pareja, y diciendo que tendría que dejar de meterse los porros de cuatro en cuatro ahora que iba a ser padre. Ejemplo de responsabilidad allá donde los haya.

Y no me entraba en la cabeza cómo personas tan jóvenes pueden estar felices de que una responsabilidad así se les venga encima. Adiós a salir los fines de semana, adiós a poder tomar decisiones rápidas, adiós independencia, adiós, vida. Adiós. Ya no eres tú, individuo pensante. Única ente importante de tu existencia. Ahora estás condicionado por tu hijo, sangre de tu sangre, y por tu pareja. Con menos de veinte años.

Pero quizá el choque que me produzca ver una situación así es que soy un irresponsable. Me gusta salir de fiesta, llegar tarde y no depender de casi nadie o de casi nada. Tengo suficiente con sacar adelante los estudios, y ya me parece una responsabilidad que me está sobrepasando. No me entra en la cabeza que alguien que acaba de poder empezar a votar esté listo para tener un hijo. Joder, no lo entiendo. Y todo este post era para intentar aclarar mis ideas, pero sigo siendo incapaz de verlo.

Soy un insensato, y pretendo seguir siéndolo como mínimo los próximos diez años.

Lo reconozco, no me gusta tratar con ellos. Los vendedores de las grandes superficies son por norma general gente que odia su trabajo y que no tiene gran idea del producto que vende. Lo mismo les da colarte una plancha que un ordenador. Y no me gusta tampoco ir a las grandes superficies a ojear lo que sea, en seguida les tienes detrás diciéndote que si te pueden ayudar en algo. Cómo se nota el trabajo a comisión. Pero si hay algo que odio aún más, es, sin lugar a dudas, el infierno en Tierra. MediaMarkt. Que Dios nos pille confesados.

Necesito un netbook. Sí, esos ordenadores pequeños de poca potencia con los que la mayoría de la gente se limpia el culo y poco más. Pero es por necesidad. Necesito un equipo pequeño con batería de larga duración, silencioso y discreto. Lo que viene a ser un netbook. Así que tras pasar por un par de sitios donde ninguno de los netbooks en exposición daba la talla, fui a MediaMarkt dispuesto a batallar. Yo sí que soy tonto.

Allí lo vi. Un Asus Eee PC 1015PX con una batería de 6 celdas, 11 horas de autonomía, Intel Atom N570 y 320Gb de disco duro. Un equipo hecho especialmente para mí, pero un par de añadidos de Asus (puto software preinstalado) sobre el que tenía un par de preguntas. Así que me dirigí a una sonriente y rubia vendedora soterrada en vida. A ver si podía echarme una mano. Al cuello se la echaba yo.

-Perdona, ¿me atiendes?

-Qué quieres -empezamos bien, maja-.

-¿Qué es esto de Chufiligrana instantánea?

-Pues no tengo ni idea -total, para qué-.

-…

-…

-…

-…

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Estaba yo ayer dándole vueltas a la cabeza con el tema de los teleoperadores y demás ralea que vive pegada a un auricular, cuando me acordé de una estremecedora anécdota acontecida este verano pasado y que, a pesar de ser breve, requiere post a parte.

Noche de verano de 2011. Oscuridad casi absoluta. En la calle, calma chicha. Hora zulú… pues ni idea, nunca he entendido muy bien como funcionaba eso, pero estando sólo en casa y estudiando para Selectividad se me habían hecho casi las dos de la noche y yo seguía aporreando teclas. El caso es que finalmente decido ir a dormir. Doy las buenas noches a los correspondientes y me envuelvo entre sábanas a hacer la digestión del postre. Una lata de Pringles XXL Sour cream & Onion. Uno, que se cuida bien.

Una vez a gustito y a punto de conciliar el necesario sueño, mi móvil, en la mesilla de noche, se ilumina y empieza a vibrar con el Amamos la Birra del Reno Renardo a todo volumen. Primer susto de la noche. Las posibilidades que barajo a esas horas son dos: o algún subnormal está borracho y llama para tocar la moral o ha pasado algo grave. El número es largo de narices. Pues ya que me han despertado, a ver qué tripa se les ha roto.

-Hola buenos días, ¿hablo con el titular de la línea?

Me lo cuentan y no me lo creo. Vamos, para ir a mear y no echar gota.

-¿Sabe usted qué hora es?

-Alrededor de las ocho de la tarde.

Me bajo de mi unicornio rosa y miro el reloj. Vaya por Dios, las 2.20h de la madrugada. Miro a mi alrededor y el unicornio rosa ya no está. Esto de volver a la realidad es jodido.

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Yo no soy una persona de esas que están continuamente cambiando de móvil o de compañía. Tengo cosas mejores de las que preocuparme, y además estoy bastante contentillo con Orange. Me recargan automáticamente el saldo cuando corresponde, yo voy por mi lado y ellos por el suyo. Molan, me dejan vivir en paz. Hacen su trabajo de manera transparente para mí y no tengo que pelearme con ellos. Los problemas llegan cuando llaman a tu puerta esos sangrientos vendedores telefónicos, buitres y chacales a miles de kilómetros que empiezan su terrorífica cacería con un “¿Es usted el titular de la línea?”. Que no lo soy, pero siempre digo que sí. Por si me llaman de mi compañía para ofrecerme algo mejor. Pero no, siempre son foráneos.

-¿Y me puede decir usted cuánto paga al mes?

-Pues diez euros.

-Pues verá, señor titular de la línea, tenemos ahora mismo una oferta en la que por catorce con noventa y cinco euros al mes…

No lo entiendo. De verdad que no. Te digo que pago diez euros al mes y sudas de mí por completo para ofrecerme algo más caro. Joder, pues tira a dar desde el principio. Empieza con la oferta y no me preguntes lo que pago o lo que dejo de pagar.

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Soy un administrador de sistemas. De andar por casa. Más que un BOFH soy un BOFB. Un Bastard Operator From Bed. Con zapatillas, pijama y mala leche. Por toda logística cuento con un portátil más recalentado que un dibujante de El Jueves. Un sobremesa con más años que memoria RAM. Tres móviles, un iPod, un decodificador de TDT (que eso a pesar de no usarlo para nada tengo que saberme al dedillo todos sus menús y funcionalidades) y un GPS. Y tengo que hacer que todo funcione. No realmente porque yo lo necesite, sino porque en cuanto algo falla el que tiene que ir detrás en busca de la solución es el menda.

-¡Sergio! ¡Esto no funciona!

Joder. Espera, que saco la bola de cristal.

-¿Qué es exactamente esto?

-Pues esto, hijo, esto.

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Eterno adolescente. Universitario. Inteligente, gracioso, atractivo. Ingeniería Informática. Este es mi blog, mi humilde morada, mi casa. Aquí hablo de lo que me interesa. Siéntete bienvenido, y, si te gusta, vuelve.

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